El primer vuelo: mi viaje a Hawk Mountain
En 2018, a mitad de mi doctorado de cinco años en Argentina, abordé un avión rumbo a Estados Unidos por primera vez. Hasta entonces, solo había viajado a países vecinos, nunca demasiado lejos de casa. Ese vuelo marcó un hito personal, pero también un punto de inflexión profesional.
Había sido seleccionado como Becario en Ciencias de la Conservación en Hawk Mountain Sanctuary, un lugar que conocía por su reputación mucho antes de poner un pie en Pensilvania. Durante tres meses, me uní a una cohorte global de jóvenes científicos para aprender no solo sobre la ecología de las rapaces, sino también sobre el papel de la ciencia en la sociedad.
Contábamos aves rapaces migratorias desde el amanecer hasta el atardecer, realizábamos investigaciones de campo y conversábamos con los visitantes sobre la maravilla de estas aves. Fui en busca de herramientas. Me fui con una misión y una conexión para toda la vida.

Aprendiendo el arte de observar el cielo
La beca en Ciencias de la Conservación en Hawk Mountain fue una experiencia totalmente distinta a cualquier otra en mi trayectoria académica. Cada día comenzaba con binoculares en mano, contando aves rapaces migratorias desde los miradores. Aprendí a identificar especies en vuelo, a detectar sutiles diferencias en silueta y comportamiento, y a contribuir con datos en tiempo real a uno de los censos de migración de rapaces más antiguos del mundo.
Más allá del trabajo de campo, participábamos en seminarios semanales sobre ecología de rapaces, ciencia de la migración y estrategias de conservación. Estas sesiones, dirigidas por expertos de HMS, ampliaron mi comprensión de los desafíos y soluciones globales en la conservación de rapaces.
Viviendo en el santuario junto a otros becarios y pasantes, conecté con conservacionistas de orígenes diversos, personas que compartían no solo mi pasión por las aves, sino también la creencia en el poder de la educación y el compromiso público. Esa combinación de ciencia rigurosa y comunidad sólida es algo que llevo conmigo desde entonces.

Conectados a través de los continentes
Incluso después de mi beca en 2018, la conexión con Hawk Mountain se mantuvo fuerte. En 2019, regresé al Santuario para una visita de fin de semana mientras asistía a un curso corto en la Reserva Natural Powdermill. Durante esa visita, tuve la oportunidad de participar en Birds & Brew, uno de los eventos comunitarios más queridos de HMS. Fue la combinación perfecta de ciencia, naturaleza y celebración, un recordatorio de que la conservación también se trata de alegría y de compartir. Ese mismo año, escribí una reflexión para el boletín Hawk Mountain News.
En 2021, di una charla motivacional para los nuevos becarios, compartiendo lecciones del campo y reflexiones sobre cómo construir una carrera en conservación. Cuando mi esposa, mi gato (Batman) y yo nos mudamos a Washington D.C. en 2022 por mi postdoctorado en el Instituto Smithsonian, Deborah Edge (nieta de la fundadora de HMS, Rosalie Edge) y su esposo Neil nos recibieron en su casa durante nuestro primer mes, ofreciéndonos calidez y apoyo.
A lo largo de los años, Hawk Mountain ha seguido acompañando mi camino. He mantenido el contacto con el equipo, colaborado en ideas e incluso recibí una carta de recomendación clave de Jean-François Therrien, científico principal de HMS, que me ayudó a obtener el postdoctorado.
A principios de 2023, regresé a HMS para una capacitación práctica sobre cómo colocar transmisores GPS en rapaces, una habilidad que en Argentina suele estar fuera de alcance por falta de recursos.
Desde 2018 hasta hoy, la conexión sigue viva, construida sobre valores compartidos, respeto mutuo y una visión de la conservación que trasciende fronteras.

Fer disfrutando de una cena con (de izquierda a derecha) Neil Mann, Deborah Edge y Laurie Goodrich.
Una visión compartida toma forma
En 2025, tras completar nuestras becas postdoctorales en Estados Unidos, mi esposa en Virginia Tech y yo en el Smithsonian Institution, nos encontramos en una encrucijada. Considerábamos nuestros próximos pasos: si seguir una carrera académica en el extranjero o regresar a casa, a Argentina. Al mismo tiempo, sentíamos la necesidad de hacer una pausa, de reconectar con la esencia que nos llevó a ser científicos.
Así nació et al Blog.
Con nuestro gato Batman a bordo, compramos una casa rodante y la transformamos en nuestro hogar móvil y estación de campo. Emprendimos un viaje por las Américas con una idea tan simple como poderosa: explorar el continente a través de las aves y la ciencia, creando lazos con ornitólogos, conservacionistas y comunidades locales en el camino.
Compartimos nuestras experiencias mediante contenido multimedia, organizamos actividades de divulgación y usamos la narración creativa para hacer que la ciencia sea accesible y atractiva. Lo que comenzó como una aventura personal se transformó rápidamente en un movimiento, basado en la colaboración, la curiosidad y la conservación.
Desde el principio, la filosofía de Hawk Mountain nos acompañó: una ciencia que viaja, educa e inspira a la acción.

De una beca a una misión compartida
Antes de dejar Washington en 2025, hicimos una última parada: Hawk Mountain. Visitamos el santuario durante su gala anual, esta vez llegando en nuestra casa rodante, con Batman, por supuesto, y compartimos nuestra idea de un nuevo tipo de viaje. Hablamos de llevar la ciencia a la ruta, de conectar con las personas a través de las aves y las historias, y de usar la creatividad como herramienta para la conservación.
El equipo de HMS nos escuchó con un entusiasmo genuino. Su respuesta fue simple: “¿Qué necesitan?”. Ese espíritu de apertura y colaboración se quedó con nosotros. Poco después, Hawk Mountain se convirtió en el patrocinador principal de et al Blog, ayudándonos a llevar nuestra visión más lejos, en todos los sentidos.
Su apoyo nos permitió ampliar nuestro alcance, conectar con más comunidades y visibilizar historias de conservación relevantes a lo largo de las Américas. Esta colaboración refleja algo más profundo: la convicción de que la ciencia no pertenece solo al ámbito académico, sino también a la ruta, a la naturaleza y a las conversaciones cotidianas.
Hawk Mountain sigue inspirándonos, no solo como científicos, sino como narradores y educadores con una misión: acercar a las personas a las aves y al mundo natural.

Únete al viaje
Esta historia comenzó con una beca y se ha transformado en una misión compartida que trasciende fronteras, disciplinas y años. Si hay algo que hemos aprendido de las rapaces migratorias, es que los grandes viajes son posibles cuando se siguen los vientos correctos, y que las conexiones duraderas realmente pueden cambiar el mundo.
Invitamos a la comunidad de Hawk Mountain, y a todos los que creen en el poder de la ciencia y las historias, a unirse a nosotros.
Sigue nuestro viaje, comparte nuestra misión y ayúdanos a mantener estos cielos llenos de alas, ideas y esperanza.

